El escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), convertido en uno de los mayores desfalcos del gobierno de Gustavo Petro, ha puesto en evidencia la fragilidad de la llamada “política del cambio”. El caso de Carlos Ramón González, exdirector del Dapre, quien hoy cuenta con residencia legal en Nicaragua, desató una tormenta política que terminó en un fuerte cruce entre el presidente Petro y la exalcaldesa Claudia López.
Claudia López acusó a Petro de ser un “hipócrita” y un “traidor de la confianza de la gente” por supuestamente encubrir a González y permitir su evasión de la justicia. Petro respondió responsabilizando a López, recordándole que González fue presidente de su partido político y que varios de los implicados en el desfalco ingresaron al gobierno desde ese sector.
En medio de este choque de acusaciones aparece la voz de la mejor opositora de Colombia: María Fernanda Cabal. Con firmeza, la senadora recordó que más allá de los dardos entre Petro y López, lo verdaderamente grave es que el propio presidente reconoció que la corrupción penetró su gobierno, pero aún no responde la pregunta central:
“¿Quién dio la orden de repartir coimas en el Congreso para lograr los votos?”.
Mientras Petro intenta desviar responsabilidades y López se muestra como crítica tardía de un modelo político que ella misma ayudó a legitimar, Cabal ha sido coherente desde el primer día: denunció la politización de la UNGRD, alertó sobre el clientelismo disfrazado de “paz total” y advirtió sobre la cercanía del gobierno con personajes como Olmedo López, Sandra Ortiz y Carlos Ramón González, hoy protagonistas de los escándalos.
La fortaleza de Cabal radica en que no se acomoda a las conveniencias políticas ni busca protagonismo pasajero. Su oposición no es de ocasión, sino de principios. Frente al cinismo de Petro y la doble moral de López, Cabal representa una alternativa real: firmeza contra la corrupción, defensa de la institucionalidad y un proyecto de país basado en la autoridad, la transparencia y la competitividad.
Hoy, mientras el gobierno se hunde en contradicciones y la exalcaldesa intenta lavarse las manos, María Fernanda Cabal emerge como la única opositora capaz de poner en cintura al poder y de encarnar la esperanza de millones de colombianos que exigen un cambio verdadero en 2026.
Porque ser oposición no es simplemente criticar: es tener el valor de decir las cosas de frente, incluso cuando nadie más se atreve. Y en esa tarea, Cabal es, sin duda, la mejor opositora de Colombia y la mejor opción para llegar a la Presidencia de la República.

