Mientras Colombia enfrenta un aumento alarmante de muertes por desnutrición infantil, Gustavo Petro se hunde en un discurso cada vez más desconectado de la realidad, plagado de datos falsos y delirios autoritarios.
El país se encuentra alarmado no solo por la crisis de salud pública que golpea a los más vulnerables, sino también por el preocupante estado emocional y discursivo del presidente Gustavo Petro. Durante sus más recientes alocuciones, el mandatario ha esgrimido cifras falsas, narrativas contradictorias y expresiones abiertamente delirantes, lo que ha encendido las alertas sobre su capacidad para gobernar con claridad y sensatez.
En su alocución más reciente sobre el sistema de salud, Petro acusó a las EPS de deber 32,9 billones de pesos y responsabilizó directamente a estas entidades por la muerte de cientos de niños por desnutrición. Sin embargo, tanto las cifras de las propias EPS como los informes del Instituto Nacional de Salud (INS) desmienten los datos del presidente, revelando un alarmante divorcio entre el discurso oficial y la realidad nacional.
Según datos oficiales, durante el actual gobierno han muerto más de 900 niños por desnutrición aguda, pasando de 160 muertes en 2020 a 262 en 2024, un aumento superior al 60 %. Las estadísticas del INS indican que en 2022 hubo 308 muertes por desnutrición en menores de cinco años, frente a 197 en 2021. Estas cifras contradicen la narrativa presidencial que pretende culpar a otros mientras su gobierno fracasa en garantizar lo más básico: comida y atención médica para los niños colombianos.
Los expertos han comenzado a preguntarse si Petro está en condiciones de ejercer el poder con juicio. Su discurso del 1 de mayo fue calificado por el exministro Juan Camilo Restrepo como “delirante”, lleno de amenazas veladas al Congreso, ataques infundados a instituciones y declaraciones desconectadas de los hechos. La Silla Vacía analizó 12 afirmaciones del presidente durante la instalación del Congreso de 2024: más de la mitad fueron engañosas o falsas.
A esto se suman lapsus verbales como el famoso “Agamenón” —cuando se refería a la Operación Agamenón en el Urabá antioqueño— y su narrativa apocalíptica sobre el cambio climático sin sustento técnico claro. Medios como El País, Semana y Al Poniente han publicado múltiples columnas advirtiendo sobre el estilo errático y obsesivo del presidente, su uso sistemático de la mentira y su progresivo aislamiento ideológico.
“Estamos viendo a un jefe de Estado que se comporta más como un orador en trance que como un líder con visión de país. Repite mentiras, rehúye la evidencia, y parece incapaz de aceptar la crítica o rectificar”, señala el politólogo César Hoyos, consultado por Los Independientes JJ.
Pero lo más grave es que mientras el presidente divaga en discursos cada vez más paranoides, el hambre y la muerte avanzan en las regiones. “No es solo un problema de gestión; es un problema de negación profunda de la realidad. Estamos ante un líder que prefiere construir enemigos ficticios antes que asumir responsabilidades”, añadió Hoyos.
Conclusión:
La salud mental del presidente no es un asunto personal cuando afecta la gobernabilidad de la nación. Cada vez más voces —desde analistas políticos hasta ciudadanos de a pie— se preguntan si Colombia está siendo gobernada por un hombre emocionalmente estable. Y lo más preocupante: mientras el país se hunde en la crisis, Petro parece vivir en una realidad paralela, construida con cifras falsas, delirios mesiánicos y desprecio por los hechos.

