La Memoria Selectiva: cómo están usando el caso de Dubán Felipe Barros para justificar el terrorismo urbano

El 5 de junio de 2021, en el calor de las protestas del Paro Nacional, un joven de 17 años llamado Dubán Felipe Barros Gómez no regresó a su casa.

Era reconocido por participar en expresiones culturales en el Portal de las Américas: cantaba rap, representaba la cultura Hip Hop, según su familia. Su cuerpo fue hallado al día siguiente en un caño cercano, pero no fue identificado hasta 36 días después. Desde entonces, su nombre ha sido apropiado como un símbolo de la represión estatal. Pero ¿es esa la historia completa? ¿O estamos, más bien, frente a un caso paradigmático de instrumentalización de la memoria para justificar la violencia urbana?

Esta columna sostiene que el caso de Dubán Felipe Barros Gómez está siendo manipulado por intereses políticos e ideológicos para legitimar la narrativa del «terrorismo urbano justificado», y que organizaciones como la Fundación Nydia Érika Bautista han jugado un rol central en esta reconfiguración simbólica, con consecuencias devastadoras para la verdad, la justicia y la memoria histórica del país.


El relato hegemónico: la víctima inocente del Estado

La versión más difundida en medios, redes sociales y ONG de izquierda afirma que Dubán fue una víctima de desaparición forzada por parte de la Policía Nacional. Que no estaba involucrado en actos violentos. Que simplemente fue un joven artista, reprimido y asesinado por un Estado opresor. Esta versión es sostenida, promovida y amplificada por la Fundación Nydia Érika Bautista, una ONG que ha representado legalmente a su familia y que ha llevado el caso a escenarios internacionales.

La madre de Dubán, entrevistada por W Radio el 24 de junio de 2021, afirmó que su hijo no era parte de la Primera Línea, que no lanzaba piedras y que siempre regresaba temprano a casa. Estas declaraciones se convirtieron en evidencia testimonial fundamental para consolidar su imagen de víctima pacífica.

Pero esa es sólo una cara de la moneda.


El testimonio olvidado: la confesión de Alias 19

En el podcast «Más Allá del Silencio», dirigido por el periodista Rafael Poveda, el exintegrante de la Primera Línea conocido como Alias 19 hizo una declaración impactante. Dijo textualmente:

«La última vez que vi a Dubán Barrios (Dubán Felipe Barros Gómez) fue la noche en que lo desaparecieron. Me dijo: ‘Me siento orgulloso de esta lucha’.»

Este testimonio, pronunciado por un actor que ha sido considerado terrorista urbano, cambia por completo la narrativa. Si Alias 19 hablaba con él, si Dubán le expresaba orgullo por «la lucha», entonces ¿cuál era su verdadero rol dentro del conflicto urbano?

Esta declaración no ha sido negada ni refutada públicamente por los sectores que promovieron la versión de su inocencia. Simplemente, ha sido ignorada. En términos de construcción de memoria, el silencio también es una estrategia.


Financiación ilegal y redes de apoyo

Los informes de inteligencia presentados ante el Congreso y medios nacionales han confirmado que varias estructuras de la Primera Línea recibieron apoyo financiero y logístico de grupos armados ilegales como las disidencias de las FARC y el ELN. Este financiamiento no sólo incluyó dinero y elementos logísticos, sino también adoctrinamiento ideológico.

El caso Dubán, al ser insertado en este entorno de protesta radicalizada, se convierte en pieza clave del relato de impunidad estatal, ocultando la conexión real entre los jóvenes involucrados y estas redes criminales. Alias 19 no era un marginal: era un actor central de una estructura organizada que causó destrucción masiva y agredió a la Fuerza Pública.


Aplicando la teoría de Agustín Laje: Memoria como herramienta de ingeniería social

En su libro «Globalismo, ingeniería social y control total», el escritor argentino Agustín Laje plantea que muchos movimientos y ONG de derechos humanos han sido instrumentalizados por una ideología progresista global que busca:

  1. Reemplazar la historia nacional por una narrativa de «Estado opresor».
  2. Debilitar las instituciones de seguridad mediante el uso selectivo de la memoria.
  3. Justificar la violencia como una forma de resistencia ética.

La Fundación Nydia Érika Bautista encaja perfectamente en este esquema. No es una organización neutral de derechos humanos. Tiene una agenda política clara: convertir todos los abusos reales o supuestos del Estado en símbolos absolutos del mal institucional, mientras omite sistemáticamente el accionar de los grupos armados ilegales.

El caso Dubán no es la excepción. Es el modelo. Una fundación de izquierda, con conexiones ideológicas con figuras como Iván Cepeda, Piedad Córdoba y otros congresistas del Pacto Histórico, convierte a un joven de la protesta en una figura martirológica. Lo canoniza como «víctima del Estado» mientras ignora confesiones como la de Alias 19.


El precio de la mentira: debilitamiento de la verdad y la justicia

Instrumentalizar el caso de Dubán Barros para atacar a la Policía y al Estado de derecho tiene consecuencias concretas:

  • Deslegitimación de la Fuerza Pública. Cada vez que se presenta a un manifestante como víctima inocente sin pruebas contundentes, se erosiona la autoridad institucional.
  • Normalización de la violencia. Se convierte en «resistencia» lo que en realidad fue terrorismo urbano: ataques con bombas molotov, destrucción del sistema de transporte, agresiones a uniformados.
  • Ocultamiento del crimen organizado. Al no denunciar las redes ilegales que financiaron y promovieron estas acciones, se contribuye a su impunidad.

¿Dónde está la verdadera memoria?

La verdadera memoria no selecciona qué hechos recordar y cuáles ocultar. No convierte a actores armados en héroes civiles. No omite el testimonio de quienes estuvieron ahí, como Alias 19. No permite que el dolor de una madre sea explotado para fines ideológicos.

Dubán Felipe Barros merece verdad. Su familia merece justicia. Pero eso no se logra mediante la manipulación de su historia ni con discursos que lo desvinculan de hechos y personas que lo comprometían. ¡Cuántas otras memorias individuales están siendo usadas para construir una mentira colectiva?


Conclusión: el peligro de una memoria politizada

Colombia necesita sanar sus heridas. Pero para lograrlo, necesita una memoria completa, honesta, integral. No una memoria sesgada construida por ONG con agendas ideológicas ni por testimonios selectivos. El caso de Dubán Barros ha sido convertido en bandera para justificar una causa política radical manipuladora y violenta. Su nombre ha sido arrebatado por quienes se niegan a reconocer que la violencia también vino de la Primera Línea y de sus financiadores ilegales.

Que no nos impongan una memoria falsa. Que no nos silencien con el dolor manipulado. Que no nos digan a quién debemos llorar y a quién debemos odiar. Porque cuando la memoria se convierte en herramienta de ingeniería social, la verdad deja de importar, y con ella se muere también la justicia.

Dubán merece más que eso. Colombia también.