Por: Pablo Esteban Martínez Díaz
Actualmente, la política colombiana está desarrollando principios inclusivos, principios que más allá de lograr una participación ciudadana eficiente y justa, está socavando al país y justificando actuaciones incompetentes en nombre del progreso social.
Esta reflexión resulta odiosa cuando hablamos de un país libre. Sin embargo, pongámonos en contexto sobre la situación actual.
En un país en donde se seleccionan personas para cargos públicos según su preferencia sexual o sus genitales, ¿podríamos decir que sufre de una discriminación positiva? Sin ir más lejos, los programas que ha elaborado la administración pública, programas para bachilleres y estudiantes, que en la teoría buscan promover la educación y el acceso de la misma a los colombianos con programas como “Jóvenes a la U”, para acceder a dichos programas, se tiene en cuenta la orientación sexual del aspirante, por ejemplo. Algo que resulta ilógico cuando hablamos de oportunidades de educación y de la cual, todos tenemos derecho.
Resulta ilógico que en este programa realizado por la Alcaldía de Bogotá (y que no es el único) se pregunte si a usted le gustan hombres o mujeres, en vez de preguntar su puntaje del ICFES. Es algo que realmente deja en evidencia la contaminación de ideas inclusivas en aspectos que no son políticos, en este caso, la educación.
En el tema público encontramos particularmente iniciativas legales como la Ley de Cuotas o el Acuerdo Colectivo Nacional Estatal 2021, realizado por FECODE o el Decreto 455 de 2020 de Función Pública, que, entre otras cosas, justifican “paridad de empleos públicos” y que fijan el 50% de empleados públicos, incluyendo empleos de alto impacto, a mujeres. Algo que desequilibra las oportunidades de empleo público. Dicho de otra manera: Se pierde la meritocracia y se premia el género, siendo este una condición fundamental para la empleabilidad de personas en cargos públicos. Y teniendo en cuenta que el género constituye algo intrínseco de la persona y que no es sujeto de preparación, como puede ser el intelecto o la capacidad para solucionar efectivamente los problemas que se puedan dar en un cargo con alta responsabilidad. Termina por ser incluso algo negativo para la mujer, ya que se le da una condición especial únicamente por el hecho de ser mujer y en otras instancias, aboga por una desigualdad o que presupone una capacidad inferior para llegar a empleos públicos por meritocracia.
Quiero hacer mención al Observatorio Laboral para la Educación, que en sus informes ha demostrado que existen tendencias de género para ciertos estudios y campos profesionales. Esto nos dice que simplemente no se pueden forzar o tener en cuenta cuestiones de género para el desempeño de labores profesionales o públicas. Simplemente porqué las tendencias de empleo y los sectores dominados por algunos sexos corresponden a decisiones personales y no responden a ningún comportamiento discriminatorio.
Finalmente tenemos que el argumento de género no es válido o capacita mágicamente a una persona para desempeñar sus labores de la mejor forma. De aquí podríamos mencionar a Claudia López, la primera “alcaldesa” y que no ha sobresalido precisamente por su género sino por su mal desempeño en Bogotá.
Sin ir más lejos, la respuesta a esta situación es que el hombre y la mujer son iguales ante la ley como lo estipula el art. 13 De la Constitución Política de Colombia de 1991, y que existan más hombres que mujeres en algunos cargos o sectores laborales y en viceversa, corresponde únicamente al libre albedrío y la libertad que tiene cada uno para decidir su destino. De otra manera, la imposición por ideología de mujeres y hombres es un grave error.
Y desconocer lo anterior demuestra una ineptitud para comprender un fenómeno social dado por la libertad de decisión y un sesgo que estipula que la mitad han de ser mujeres y hombres. Cuando por esfuerzos y méritos cualquiera puede acceder y está en una igualdad de condiciones. Siendo la cantidad de hombres y mujeres irrelevante, teniendo en cuenta la competencia de las personas sin importar su género o preferencias sexuales.
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