🚨 ¿Celebraciones culturales o desórdenes que matan?

Una vez más, Bogotá fue testigo de una tragedia que pudo evitarse.

Durante el fin de semana del 2 y 3 de agosto, miembros de la comunidad Emberá organizaron una celebración en el Parque Nacional que terminó siendo una desgarradora muestra de abandono, impunidad y caos: niños indígenas embriagados, un motociclista muerto tras chocar con vallas colocadas ilegalmente, riñas, consumo masivo de licor y una ciudad atrapada por la permisividad institucional.

Todo esto ocurrió mientras las autoridades fueron bloqueadas por los mismos adultos responsables, incapaces de proteger a los menores por miedo a ser tildadas de discriminadoras. El resultado: una muerte, docenas de niños en riesgo y una ciudadanía indignada.


👶 Niños intoxicados, sin adultos responsables

La Alcaldía Mayor de Bogotá denunció que en medio de la actividad cultural:

“Se identificaron a niñas y niños sin acompañamiento adulto, consumiendo residuos de botellas de alcohol y expuestos a dinámicas que comprometen gravemente su integridad física y emocional.”

Ni siquiera pudieron ser trasladados a los Centros Amar —espacios seguros de atención integral— porque los adultos Emberá impidieron el procedimiento:

“Por el bloqueo de algunos voceros, no fue posible trasladar a los niños y niñas que regularmente asisten a los Centros Amar…”

Esta negativa a protegerlos se suma a las 12 denuncias penales ya interpuestas por maltrato, negligencia, constreñimiento y violencia intrafamiliar contra miembros de la comunidad. Aun así, no hay capturas, no hay sanciones, no hay responsables.


💀 Un motociclista muerto por un bloqueo ilegal

Pero el hecho más doloroso fue la muerte de un ciudadano que circulaba en su moto por la Carrera Séptima. Según la Alcaldía:

“Unos integrantes de la comunidad Emberá deciden bloquear la Carrera Séptima con algunas de las vallas ubicadas temporalmente en este espacio. Infortunadamente, en el marco de este bloqueo una persona que transitaba en su motocicleta sufrió un siniestro vial y posteriormente falleció.”

El motociclista no participaba en ninguna celebración. Iba camino a su destino. Y encontró la muerte en una vía pública que el Estado permitió que otros bloquearan ilegalmente.


👮 Policía sin margen de acción, justicia sin dientes

La Policía Metropolitana, presente en la zona, no pudo actuar. Porque cualquier intervención es señalada como “represión”. Porque la narrativa dominante ha sembrado odio y desconfianza hacia los uniformados, dejándolos solos, desarmados moralmente y maniatados jurídicamente.

Y cuando la justicia tiene la oportunidad de actuar, no lo hace. Por temor a titulares, a ONGs ideologizadas o a perder el favor de ciertos sectores políticos, las investigaciones contra quienes vulneran la ley desde la sombra de la identidad étnica se frenan o se archivan.


🧭 ¿Hasta cuándo?

El discurso de los derechos humanos no puede seguir siendo utilizado para justificar la inacción. La cultura no es impunidad. La diversidad no es licencia para violar la ley.
Bogotá no puede seguir aceptando como “celebración cultural” lo que en realidad son prácticas que ponen en riesgo vidas humanas, destruyen la convivencia y utilizan a los niños como escudos para impedir la acción del Estado.

La víctima de esta tragedia no fue solo un motociclista. Fueron también los niños abandonados, los ciudadanos invisibles, y la autoridad ridiculizada.

Hoy, más que nunca, debemos preguntarnos:
¿Celebraciones culturales o desórdenes que matan?