Cuando las causas justas se convierten en tiranía

En un país que ha aprendido a sobrevivir entre el dolor y la indiferencia, hay momentos que deberían unirnos en lo esencial. El reciente caso del presunto abuso sexual contra una niña de tan solo siete años en el colegio Codema, en la localidad de Kennedy, Bogotá, es uno de esos momentos que deberían conmocionar hasta al corazón más endurecido. Pero lo que debía ser un clamor unánime por justicia y protección a la infancia, terminó convertido en un escenario de destrucción y caos. ¿Qué está pasando con nuestra sociedad?

🔥 De la indignación legítima al vandalismo organizado

“No fue espontáneo. Ellos dijeron en un chat que iban a tumbar el colegio, que lo iban a quemar”. El testimonio de una madre de familia rompe cualquier ilusión de ingenuidad. Lo que presenciamos no fue una protesta desesperada de padres ni una expresión de dolor colectivo: fue un acto premeditado de violencia. Con capuchas, piedras y gasolina, los encapuchados destruyeron salones, partieron vidrios, lanzaron objetos contra la Policía, arrasaron lo que encontraron. Y lo más grave: todo indica que ni siquiera eran estudiantes del plantel. Usaron el sufrimiento de una niña como disfraz para su plan destructivo.

📉 Una escuela sitiada, una comunidad abandonada

El colegio Codema hoy parece una zona de guerra. La educación fue interrumpida por el terror. Padres denuncian que ya van varios días sin clases, que la infraestructura está afectada y que nadie garantiza seguridad para los menores. Mientras tanto, el entorno de la institución se ha vuelto cada vez más hostil: venta de drogas en los alrededores, presencia de adultos sospechosos, consumo en zonas cercanas. ¿Quién protege a estos niños? ¿Quién cuida a los más vulnerables cuando el Estado brilla por su ausencia?

La comunidad pide algo básico: que las autoridades se tomen en serio lo que ocurre. No solo el abuso –que ya de por sí merece la más firme acción judicial–, sino también la impunidad con la que se infiltran grupos ajenos para convertir un colegio en campo de batalla. ¿Hasta cuándo dejaremos que una causa justa sea usada como escudo para el vandalismo?

🛑 La verdadera violencia está disfrazada de causa noble

Lo que sucedió en el colegio Codema no es un hecho aislado. Es parte de un patrón que algunos expertos llaman “la tiranía de las causas justas”. Un concepto que desnuda la estrategia de grupos radicales: tomar el dolor real de una víctima, envolverlo en lenguaje moralista y convertirlo en justificación para imponer sus agendas. Como denuncian Nicolás Márquez y Agustín Laje en El libro negro de la nueva izquierda, este tipo de violencia cultural actúa con aires de superioridad moral: “no importa lo que hagamos, porque luchamos por una causa noble”.

Pero no. No hay causa noble que justifique incendiar un colegio. No hay discurso de justicia que excuse sembrar miedo. No hay defensa de derechos humanos que permita arrebatarle el futuro a cientos de niños por la rabia de unos pocos.

📊 Las cifras de horror: una infancia en riesgo

Los datos no mienten. Según el ICBF, entre enero y junio de este año se han activado más de 6.400 alertas por presunta violencia sexual en colegios públicos. De los 3.379 investigados por estos casos, solo dos han recibido condena firme. ¿Qué mensaje estamos enviando a las víctimas? ¿Que no vale la pena denunciar? ¿Que su dolor será usado como excusa política, pero no como razón de justicia?

Mientras las instituciones avanzan con lentitud burocrática, los niños pierden la fe. La menor presuntamente abusada ya no quiere ver a otros niños, no quiere hablar, no quiere regresar. El daño ya está hecho, pero aún estamos a tiempo de evitar que se repita con más víctimas.

⚠️ Protestar no es destruir: una línea que debemos defender

Las manifestaciones del pasado jueves colapsaron la movilidad de la avenida Guayacanes. Algunas pancartas exigían respeto, otras pedían justicia. Pero entre el clamor legítimo se infiltraron quienes no buscan proteger a nadie, sino usar cada tragedia como escenario para incendiarlo todo. La línea entre la protesta y el crimen debe volver a trazarse con firmeza.

La Secretaría de Educación ha respondido con protocolos, pero la comunidad exige algo más que hojas de ruta: exige protección real, castigos ejemplares, control efectivo en los entornos escolares. No basta con acompañamiento psicosocial si los delincuentes siguen libres y los colegios convertidos en trincheras.

💔 Una niña herida, una sociedad en ruinas

Hay una niña en Kennedy que perdió su inocencia. Y hay cientos de niños que, sin ser víctimas directas, hoy sienten miedo de ir a estudiar. La escuela dejó de ser un refugio. La rabia se volvió espectáculo. La causa justa se convirtió en tiranía.

Pero aún estamos a tiempo. A tiempo de rescatar la voz de los padres honestos, de los profesores valientes, de los ciudadanos que no toleran el abuso ni la instrumentalización del dolor. A tiempo de decir “basta” a los que siembran violencia con rostro de indignación.

Porque la verdadera justicia se construye con verdad, con orden, con ley. Y sobre todo, con un compromiso radical e innegociable con la infancia.

Por Javier Alejandro Hernández Correa
Director de Los Independientes JJ

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