“Paz Total” es mentira, tres héroes caen bajo el fuego del ELN

Los llamaban «profesionales del deber». Jóvenes soldados, con sus botas polvorientas y sus corazones firmes, recorriendo la selva y las trochas de una patria que apenas les decía gracias. Y hoy, Colombia despierta con sus nombres impresos en imágenes luctuosas, bajo la promesa rota de un país que les falló.

Héctor Miguel Ramos Olivera, Jesús Alberto Sarmiento Azuaje y Jader José Castillo Mercado fueron asesinados por el ELN en un ataque cobarde con drones cargados con explosivos en El Carmen, Norte de Santander, una de las regiones más golpeadas por la violencia. Ocho soldados más luchan por su vida. Sus familias lloran en silencio. La patria, mientras tanto, sigue hablando de “paz”.

¿Paz? ¿Dónde está la paz?

La madrugada en que fueron emboscados, no había negociadores, ni garantes internacionales, ni trinos de reconciliación. Solo fuego, metralla, explosiones y muerte. La llamada “Paz Total” no estaba con ellos. Estaba ocupada firmando beneficios para los asesinos. Estaba en discursos de dos horas y media del presidente Gustavo Petro, delirando ante un país quebrado, mientras los soldados caían por culpa de la negligencia estatal.

“Mientras Petro le mentía al país en un discurso delirante, los terroristas mataban a tres soldados en el Catatumbo. Atreverse a decir que Colombia está en paz es tan falso como afirmar que no tiene problemas de adicciones”, escribió con firmeza la senadora y precandidata presidencial María Fernanda Cabal, en una frase que resume el sentir de miles de colombianos.

La “paz total” de Petro ha dejado hasta ahora 186 masacres y 734 víctimas fatales. Las regiones más olvidadas son las más azotadas. El Catatumbo, el Cauca, Arauca y el Bajo Cauca son cementerios abiertos, y los criminales avanzan con más fuerza que nunca, protegidos por una retórica pacifista que desarma a las instituciones pero arma a los violentos.

El Mayor General (R) Eliecer Camacho, con la sobriedad de quien sabe lo que es enfrentar el mal cara a cara, también lo dijo:

“Condenamos el cobarde ataque del ELN. Nuestra solidaridad está con las familias de los héroes caídos y con los heridos que hoy luchan por su recuperación.”

Frente a estos hechos, el gobierno nacional guarda un silencio alarmante. Ni el presidente Gustavo Petro, ni el Ministerio de Defensa, han condenado directamente al ELN ni han ofrecido una hoja de ruta clara para enfrentar esta nueva amenaza tecnológica y criminal.

Colombia no está en paz. Colombia está sola.

Estos tres soldados no murieron en una guerra justa. Murieron traicionados por un Estado que prefirió sentarse con los criminales en lugar de proteger a sus héroes. Y mientras los medios aliados al poder maquillan los hechos, la verdad es ineludible: la paz total nunca existió. Fue un discurso. Un engaño. Una narrativa peligrosa escrita con sangre.

Hoy los ataúdes se sellan. Las familias se arrodillan ante cuerpos fríos que una vez soñaron con servir y volver a casa. Y nosotros, como nación, tenemos la responsabilidad de preguntarnos: ¿cuánto más vamos a tolerar?

Desde Los Independientes JJ hacemos un llamado a la memoria, a la conciencia y a la acción. Porque no podemos seguir normalizando la muerte de nuestros soldados. Porque rendirse ante el crimen no es paz: es rendición.

Colombia necesita recuperar el honor, el orden, y la verdad.
Y necesita líderes que no teman decir que el emperador está desnudo: la “paz total” es una farsa.