Por Javier Alejandro Hernández Correa
El mandatario anterior Iván Duque declaró durante su gobierno, que no existe el derecho al aborto, que la vida empieza desde la concepción, que el aborto no es un método anticonceptivo, es inhumano despreciar la vida desde la concepción.
En el mes de Mayo el embajador de Colombia en la OEA en ese tiempo, Alejandro Ordoñez, firmó el consenso simbólico de ginebra que declaraba a Colombia un país que defiende la vida y rechaza el aborto, este documento lo firmaron 37 países del mundo.
Se destaca siempre en este documento defender la salud integral de la mujer, el fortalecimiento de la familia y el respeto a la soberanía de los países que defienden la vida. El embajador de la OEA en ese tiempo Alejandro Ordoñez resaltó que los estados no tienen la obligación de financiar o facilitar el aborto.
A pesar de los avances durante el gobierno del mandatario anterior Iván Duque para defender la vida y la familia, el gobierno de Gustavo Petro vuelve a retroceder promoviendo el aborto y la desintegración de la familia. Esto sucedió el lunes 22 de Agosto, retirando la firma y abandonando la lucha contra el asesinato durante la concepción.
En la cuenta oficial de Twitter de la cancillería en cabeza de Álvaro Leyva informaron la determinación de abandonar la declaración promoviendo el aborto en Colombia y la destrucción de la familia, aceptando el capricho de promotoras del odio y de la muerte, con el disfraz de la salud de las mueres; estas mujeres de pañuelo verde que les gusta destruir familias, mujeres de pañuelo verde que declaran la incoherencia de destruir la vida, pero dicen que salvan las vidas de las mujeres.
Con esta decisión el gobierno de Gustavo Petro demuestra que es promotor del odio y la muerte, que no les importa las mujeres, lo que les importa es satisfacer su arrogancia creyendo ser superiores al Dios de la biblia de las diferentes culturas judeocristianas como la católica, la evangélica y la cristiana.
Estas decisiones imaginarias del gobierno donde el mundo lo presentan al revés llamando a lo bueno malo, sólo aumentará la violencia y afectará económicamente la nación porque usarán las finanzas de la nación para satisfacer los deseos malignos de un gobierno perverso.

