Por Johanna Rodríguez
Estando en el establecimiento los clientes que llevan más de 15 minutos mirando que van a llevar, eligen lo más económico. Cuando llega a la caja registradora dice;
- Tome, indica el varón, el macho alfa de la relación de manera despótica tirando los billetes de baja numeración sobre la caja registradora.
Las manos de la cajera se han estirado en vano, además los billetes están remendados. La joven mujer acompañante está avergonzada, y pegándole a su hombre en el costado de las costillas, éste le responde:
- Es una cajera, ya está acostumbrada.
Lo que nunca entendió aquel hombre es que quien lo atendió ese día es la dueña de la línea de productos cárnicos que por cosas de la vida estaba reemplazando a un trabajador

